Posteado por: uranuevacultura | septiembre 4, 2013

El agua que llegará de Itoiz: un futuro que no se libra de la controversia

ampliacion_canal_de_navarra“El agua es vida”. Es la frase que más se escucha al adentrarse en los campos que entre 2016 y 2019 regará el Canal de Navarra en 15 localidades de la Zona Media y Tierra Estella, una vez que el miércoles se firmó el compromiso financiero entre Navarra y el Estado para este tramo. ¿Por qué entonces hay quien ve la llegada de este río artificial como una apisonadora de agua y hormigó?

Después de hablar horas con los agricultores y recorrer unos cuantos kilómetros por estos municipios, la conclusión es clara. Edad del titular y dimensión de las fincas son casi siempre la divisoria entre una postura y otra. También hay factores geográficos: mientras en la Zona Media los recelos son mayores, la petición de más hectáreas en Tierra Estella es la tónica general. Al cierre de la primera fase de alegaciones se habían solicitado 9.000 ha más sobre las 15.275 contempladas. Pero aquí no se puede decir aquello de “agua para todos”, porque la concesión para esta fase es limitada. Una decena de poblaciones están a la expectativa de que alguien se descuelgue del proyecto para “arañar” unas hectáreas más al secano.También cada pueblo es un mundo, como suele decirse. Hay localidades a las que el proyecto les viene como anillo al dedo y es difícil encontrarle pegas. El caso paradigmático es el de Andosilla, un verdadero plug &play. Como ya hay regadío con concesión de invierno del Ebro lo único que hay que hacer es cambiar la tubería, “enchufar” la del canal y poner nuevas instalaciones de riego en parcela necesarias para llegar hasta las 1.422 ha que tiene concedidas hasta ahora, aunque se han pedido 887 más. Los agricultores Miguel Ángel Alcalde Ripa, Pablo Alonso Irujo y José María Alcalde San Martín han repasado el proyecto con el alcalde, José Manuel Terés, una y mil veces. “La agricultura del futuro sólo es viable si hay seguridad. Con la concesión de invierno en Andosilla se riega sobre todo vid, pero con agua todo el año podríamos diversificar a los cultivos hortícolas”, coinciden todos.

Diferencias de cultura

La agricultura es aún un puntal de la actividad económica de Andosilla, con 100 familias que se dedican directamente a ello y una industria local y del entorno donde se ha desarrollado una miríada de conserveras y grandes congeladoras. “Nuestra producción del futuro podría ir a abastecer a esa industria”, comenta el alcalde. Pero lo mejor es que a los agricultores de Andosilla la factura energética del riego se les abaratará sensiblemente, ya que el agua llegará en el futuro con presión natural. No es una cuestión baladí, cuando el recibo eléctrico de los regadíos se ha duplicado en los últimos años. Aquí también, las diferencias de criterio entre los pueblos con cultura de regadío y de secano decanta en muchos casos la postura. Por ello, también en Azagra y San Adrián la perspectiva es muy similar a la de Andosilla.

La diferencia entre la noche y el día, entre el agua y la sequía, la han tenido patente los agricultores en los tres últimos años. “Hemos pasado de dos años de escasez a otro en que no ha dejado de llover. Hace un año el cereal ni se cosechó y esta campaña hemos tenido casi 700 kg/ha, cuando la media histórica es de 225 kilos”, explica Jesús María Alcalde.

Las ventajas y desventajas del canal pueden mirarse bajo muchos prismas. Un caso particular es el de los propietarios de regadíos tradicionales, compuestos por “micro-fundios” de hasta menos de una robada (0,090 ha), huertas y fincas particulares de recreo, con casetas que en ocasiones son chalets diminutos. Casos de este tipo se encuentran en Miranda de Arga, Larraga, Lerín o Cárcar, entre otros. Para la mayoría de los titulares de tierras de este tipo el canal va directamente contra esa forma de ocio rural o, por lo menos, lo encarecerá sensiblemente.

Pero aquí la rueda de la fortuna también tiene algo que decir. En Larraga, localidad cuyo Ayuntamiento se resiste a la ampliación, existe un regadío tradicional que sólo podrá sobrevivir con la nueva infraestructura. Este invierno, con las lluvias se ha venido abajo el monte que está junto a la presa de la que surge el canal del regadío, que ha quedado completamente inutilizado, de forma que ahora hay que bombear desde el Arga. “Arreglar las estructuras del regadío antiguo va a costar más que entrar en el nuevo por lo que, simplemente, no nos va a quedar más remedio. No es cuestión de preguntarse si queremos o no, es la única salida”, explica Jesús Ibáñez Suescun, cuya huerta forma parte de este “patchwork”.

El punto de vista de los agricultores también en Larraga es diferente. En el fiel de la balanza está la cooperativa San Isidro, que reúne 245 titulares con unas 1.100 ha. “Aquí tenemos de todo, agricultores que quieren y otros que no, pero nuestra postura es totalmente imparcial. Aquí tenemos una sección de trabajo en común que lleva la tierra de todos los socios por igual. A los que nos traigan regadío, les gestionaremos el regadío y a los que nos traigan secano, el secano”, explica Pedro Molinero González, gerente. ¿Cuánto cuesta? Por los datos que maneja la entidad, cada agricultor tendrá que pagar unos 800€/ha por llevar agua a la parcela, más el sistema de riego, que en el caso de la aspersión (el más caro), sale a unos 2.200€/ha.
La cooperativa de Larraga tiene elementos de comparación porque lleva unas 180 ha de maíz en un sector que ya se ha puesto en riego entre Mendigorría y Larraga. “Sólo podemos decir que sale rentable. Las cifras ya se han enviado a los socios y ellos decidirán”, comenta.

En Lerín casi todos los agricultores a título principal, unos 70, dan la bienvenida al canal. “O te subes al tren o se te pasa de por vida”, asevera José María Sainz León, presidente de la cooperativa cerealista. “Va a ser un cambio total”, opinan también Carlos Maestu Yerro, Ángel Mari Amatriáin Estella y Emilio Alonso Santos.

Ya lo pueden decir porque ahora prácticamente riegan a ciegas, por las noches, para aprovechar la tarifa nocturna y ahorrar un gasto energético que luego se minimizará con la llegada del agua por presión natural. La opinión es unánime, porque en una asamblea de la cooperativa en diciembre de 2011, el 100% de los socios votó a favor. También son conscientes de que habrá mucha resistencia para la modernización de las huertas tradicionales, por lo que han pedido, junto con el Ayuntamiento la inclusión de otros terrenos alternativos de secano para así aprovechar mejor las 1.800 ha que se podrán regar desde el canal.

También cuenta la cuestión de tamaño de las parcelas. “Con el regadío las fincas se concentran, se hacen más grandes y más fáciles de trabajar. Con las máquinas que empleamos en estos tiempos en la cooperativa hay ocasiones que cuesta hasta entrar en las parcelas”, argumenta Ángel Mari Amatriain.

Diario de Navarra, 03/09/2013.
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