Posteado por: uranuevacultura | marzo 2, 2015

OPINION / IRITZIA: Desbordados…

fitoCada 4 ó 5 años, los ríos acostumbran a salirse de madre y, para no ser menos, algunos políticos también se desbordan y especialmente en este año electoral. El gobierno foral exige al Ministerio dragar el cauce del Ebro; el diputado Salvador pide más dragados en el Congreso; la CHE dando bandazos; el Consejero Esparza alienta a los ayuntamientos al sálvense quien pueda levantando motas sin permiso de la CHE; la Agencia Navarra de Emergencias desaparecida en combate y hasta la UAGN ha llegado a pedir la cabeza del presidente de la Confederación Hidrográfica del Ebro. Todo un ejemplo de coordinación ante una emergencia.

Las personas que tienen los campos y las casas inundadas piden más coordinación institucional y soluciones, es lógico, pero los políticos no deberían alimentar la confusión con propuestas demagógicas. ¿En qué cabeza cabe que los miles de metros cúbicos que bajaban por Castejón anegando tierras, carreteras y autopistas podrían discurrir por el cauce del río, por más limpio y dragado que estuviera? Y en el inviable supuesto de que consiguieran encauzarlo con dragados y motas ¿qué catástrofes podrían producirse aguas abajo?

Viendo la trayectoria parlamentaria del diputado navarro Carlos Salvador, se comprende que defienda soluciones inviables. Pero esa postura no es de recibo en el Sr. Esparza. Un consejero de Desarrollo Rural y de Medio Ambiente tendría que conocer la normativa europea y española al respecto, o al menos debería consultar a los excelentes técnicos de su departamento. Y es que para abordar este polémico tema de las inundaciones, es importante aclarar algunos conceptos:

. Un sistema fluvial está compuesto por el cauce, la ribera y la llanura de inundación, y solo  ellos son capaces de albergar secuencialmente cualquier crecida fluvial, disminuyendo la velocidad del agua y favoreciendo que el agua se infiltre y recargue los acuíferos.

. La definición de cauce, según la Ley de Aguas, es el espacio ocupado por el río en las avenidas ordinarias, es decir, en las crecidas normales que acostumbran a darse cada año. Las intervenciones en el cauce tienen consecuencias: un encauzamiento o una escollera sobre el cauce pueden originar inundaciones aguas abajo, y una presa las puede ocasionar aguas arriba. Sin embargo, otras intervenciones como los dragados no son la solución: llevan años haciéndose, y la grava que se quita se vuelve a depositar en la siguiente riada. Eso no significa que en ocasiones sí pueda ser muy conveniente hacer limpiezas en lugares concretos para evitar taponamientos en puentes y otros lugares.

. La de estos días no ha sido una avenida ordinaria anual: ha sido una avenida extraordinaria, de las que se dan más o menos cada cinco años, aunque su frecuencia tal vez esté aumentando por efecto del cambio climático. Estas avenidas extraordinarias siempre se salen del cauce y llenan de agua espacios que históricamente han sido inundables y que los humanos nos hemos empeñado en arrebatar al río. Las soluciones no pasan por actuar en los cauces, sino por aumentar el espacio fluvial.

. Riadas, inundaciones y ocupación del espacio fluvial se han producido en todos los países de Europa, donde también se ha constatado la ineficacia de los dragados y las motas para domesticar a los ríos. En el año 2007 se aprobó la Directiva de Inundaciones 60/2007, que es de obligado cumplimiento para todos los países europeos. Esta norma establece una serie de pautas para abordar razonablemente este asunto como, por ejemplo, que no se pueden evitar las inundaciones, pero sí minimizar sus efectos. Obliga a realizar mapas de inundación, se limita la construcción en zonas inundables para evitar nuevos daños, defiende la recuperación de espacios de inundación para frenar las avenidas, no permite levantar nuevas defensas salvo para zonas urbanas y promueve actividades agrícolas compatibles con las inundaciones.

Si entramos en la web del Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente (MAGRAMA), nos enteraremos de que: “La herramienta clave de la Directiva 2007/60 es la elaboración, aprobación e implantación de los Planes de Gestión del Riesgo de Inundación, que tienen como objetivo lograr una actuación coordinada de todas las administraciones públicas y la sociedad para reducir las consecuencias negativas de las inundaciones, basándose en los programas de medidas que cada una de las administraciones debe aplicar en el ámbito de sus competencias para alcanzar el objetivo previsto. Los planes de gestión del riesgo de inundación deben aprobarse antes del 22 de diciembre de 2015”.

Diciembre está a la vuelta de la esquina, y aquí nadie ha movido un dedo para lograr esa actuación coordinada. Esta dejación de responsabilidades sí que sería motivo para pedir la dimisión del presidente de la CHE y de la ministra. Al otro lado de la frontera, en el río Garona, ya se han iniciado procesos de participación y concertación, ya están analizando los efectos de los dragados y las infraestructuras de defensa en las sucesivas avenidas, todo ello para la elaboración de los planes de gestión en los que seguramente terminarán ganando todos, incluidos el río y los agricultores, cuyas organizaciones están interviniendo activamente. Aquí, si no lo remediamos, pueden sorprendernos tarde y mal con un plan hecho entre las cuatro paredes de un despacho, no consensuado, y que seguramente seguirá siendo motivo de conflicto.

En Navarra, afortunadamente, tenemos pocos pero muy buenos ejemplos prácticos que pueden servir de referencia para los futuros planes de gestión. En la zona de confluencia de los ríos Arga y Aragón se está desarrollando un proyecto europeo que está recuperando cauces abandonados y retranqueando motas para ampliar el espacio fluvial. En el proyecto participan la CHE, el Gobierno de Navarra y los ayuntamientos afectados, y se ha dado un amplio proceso de participación que ha recogido las opiniones de la sociedad. Un buen precedente del que nadie habla estos días.

Tenemos normativa, se dispone de herramientas como los planes de gestión y contamos también con referencias prácticas que nos permiten encauzar el problema de las inundaciones, pero parece que falta voluntad. La vieja derecha que todavía manda en el valle del Ebro: UPN, el PAR aragonés y el PP riojano están obsesionados con los dragados, a pesar de su probada ineficacia. Ahora, para seguir metiendo las máquinas en los ríos, anuncian que van a modificar la normativa ambiental arriesgándose a una más que probable y justificada sanción europea. Y así hasta las próximas inundaciones, arrimando las aguas al molino de la discordia y la ineficacia.

Esperemos que las próximas avenidas no nos vuelvan a pillar en la misma situación. Los ayuntamientos, el nuevo gobierno foral, los agricultores, los ribereños y la ciudadanía en general deberíamos exigir, que así lo dice la directiva, un proceso de participación pública para avanzar hacia unos planes de gestión del riesgo de inundación que permitan actuaciones coordinadas y reduzcan los daños de las próximas avenidas.

Fito Jiménez / URA Nueva cultura del agua de Navarra

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