Posteado por: uranuevacultura | marzo 4, 2015

Nieve, lluvias y cauces ocupados

el ebroLa Confederación Hidrográfica del Ebro apunta a un cambio en las avenidas del Ebro, “Son de menos caudal, pero más altura”, sostiene el responsable de esta institución Xabier De Pedro.
La nieve que se derrite y las lluvias están detrás de la última avenida del Ebro, que lleva una semana desbocado. Así ocurrió también en 2003 y 2007, cuando se registraron riadas similares a las que han azotado ahora a cuatro comunidades autónomas.
“La causa son las precipitaciones de larga duración y con cierta intensidad, unidas a la fusión de la nieve y el deshielo. Los embalses tienen que poder almacenar el agua que proviene de la fusión de la nieve y, por tanto, también tienen que sacar agua de forma controlada al río”, detalla Patricia Brufau, del Grupo de Hidráulica Computacional de la Universidad de Zaragoza.

“El río en condiciones de caudal bajo circula por su cauce y solo cuando recibe mucha agua sube su nivel y se extiende por sus orillas, que son las llamadas llanuras de inundación. La avenida no es un comportamiento extraño sino que es su comportamiento normal cada cierto tiempo”, añade.

Pero hay un cambio en la forma en la que se está comportando el Ebro en estos episodios. Al menos, es a lo que apunta Xavier de Pedro, presidente de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE): “Las avenidas son de menos caudal, pero el río alcanza más altura”.

El caudal máximo de la avenida de 2003 a su paso por Zaragoza fue de 2.832,2 metros cúbicos por segundo. Y la altura máxima fue de 5,58 metros. En esta última riada, el caudal ha llegado en el mismo punto a los 2.610 metros cúbicos por segundo, pero, según los datos provisionales, ha subido hasta 6,1 metros, medio metro más que hace 12 años. “Este fenómeno se ha dado en todo el río”, sostiene De Pedro.

De Pedro achaca este cambio a la “proliferación de las islas de sedimento y al estrechamiento del cauce”. También influyen las motas que se han acometido a lo largo del río para contenerlo y la acumulación de sedimentos en los fondos. Las islas surgen por la acumulación de tierra. “Luego se cubren de vegetación, que las fijan”, dice el presidente de la CHE. “El uso de fertilizantes en la agricultura también influye”, añade.

De Pedro sostiene que la normativa ambiental —una parte importante del río está protegida bajo la Red Natura 2000— hace complicada la limpieza de los cauces y la retirada de estas islas. “Nos piden muchos estudios, que son carísimos, para que nos concedan las declaraciones de impacto ambiental para hacer dragados”, afirma De Pedro.

Para Ecologistas en Acción esta versión es “oportunista”. “Los dragados, embalses y motas no son la solución” para evitar avenidas. “Es más bien un problema de ordenación del territorio y de la necesidad de aprender a convivir con las dinámicas naturales del río”, afirma esta organización.

Según Patricia Brufau, los dragados suponen “solucionar el problema a corto plazo”, ya que los sedimentos volverían a acumularse en el río. En su opinión, se podrían acometer “vertederos y conducciones que reconecten el río con una parte de su llanura de inundación histórica”. Enrique Playán, investigador del área de Ciencias Agrarias del CSIC, fija su atención en la tendencia a abandonar las riberas del Ebro, lo que también provoca cambios en la vegetación e influye en el cauce.

El Pais, 04/03/2015


El impacto de un río maltratado

Este año no habrá cincomarzada. La ciudad de Zaragoza lleva celebrando con esta festividad el triunfo sobre las tropas carlistas desde aquella batalla del 5 de marzo de 1838. Pero la crecida del Ebro ha amenazado a la ciudad más que las tropas requetés, y ha obligado a suspender los actos por falta de seguridad.

Febrero ha sido un mes muy lluvioso en todo el norte del país y en algunas regiones, como en Navarra, se han triplicado las precipitaciones normales para este mes, según los datos provisionales de la Agencia Estatal de Meteorología. La última semana de febrero no ha hecho más que apuntalar lo que las lluvias ya habían trabajado días antes. Sin embargo, los registros son espectaculares. Algunas zonas navarras han recogido entre 250 y 300 litros por metro cuadrado en los días previos a la avenida del Ebro que ha llegado a alcanzar el lunes a su paso por Zaragoza los 2.610 metros cúbicos por segundo (el valor medio para el mes de marzo es de 390 metros cúbicos por segundo) y una altura de 6,10 metros, cuando la altura media de 2014 fue de 1,24 metros de altura en ese punto, según figura en el Anuario de Aforos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.

Sin duda se trata de una crecida extraordinaria, pero es algo que ya ha ocurrido en este río con anterioridad. La Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) registró una avenida que superó los 4.100 metros cúbicos por segundo en enero de 1961, el récord desde que se comenzaron a tomar datos en 1912.

Manuel tenía 13 años aquel año. «Pero recuerdo perfectamente la crecida del río», asegura por teléfono. Él es uno de los agricultores de Quinto de Ebro -aguas abajo de Zaragoza, donde las inundaciones azotaron con fuerza la madrugada de ayer- a los que la crecida les ha arruinado la cosecha del año. «Nosotros vivimos del río y ahora que está todo inundado, se nos va el año al carajo», se lamenta Manuel. Para él, al igual que para la mayoría de los agricultores de la zona, el impacto de la avenida se ha agravado porque desde hace años no se hacen dragados en esa zona. «El río va por su caudal, y al no limpiar, llega un momento que se desborda», explica.

La propia ministra de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Isabel García Tejerina, que ayer visitó algunas zonas afectadas, señaló la importancia de las lluvias de los últimos días y también defendió el dragado del río. «En cuanto podamos haremos estudios para ver cuáles son los sitios en los que hay que actuar para limpiar y para reforzar la protección», aseguró Tejerina, que también anunció la aprobación de un decreto este viernes con «todo tipo de medidas necesarias para reparar los daños y para indemnizar las situaciones que así lo requieran».

No obstante, el problema del Ebro es mucho más complejo que dragar o no dragar el río. Hay que recordar que el origen de la crecida del río está en la variabilidad natural del clima. A las intensas lluvias se ha sumado el efecto del deshielo, lo que ha intensificado el caudal. Pero las actuaciones que se realizan en el ámbito fluvial condicionan la capacidad de respuesta ante un evento meteorológico extremo y el impacto que tiene. Y no todos los expertos coinciden en las medidas a adoptar.

«Es un debate profundo que tiene que ver con la gestión del territorio y con el modelo de río que queremos», explica Agustín Millares, investigador del Grupo de Dinámica Fluvial e Hidrología de la Universidad de Granada. «Se puede dejar que se expanda, que sea más flexible. Tocar un río tiene efecto aguas arriba y aguas abajo. Los dragados no son la solución, se estudian poco los efectos que tienen, pero afectan mucho al entorno, al margen de que son carísimos», explica Millares.

Además, buena parte del tramo medio del Ebro cuenta con figuras de protección ambiental -como Lugares de Interés Comunitario o Zonas de Especial Protección para la Aves- que dificultan la realización de un dragado. Para muchos expertos, incluidos técnicos de la CHE, la solución también pasa por plantear llanuras de inundación donde el río pueda expandirse en caso de crecida con el menor impacto posible; reducir la presión humana sobre el dominio público hidráulico o regenerar la vegetación de ribera, entre otras medidas.

Los ecologistas, por su parte, achacan las consecuencias de la crecida a la falta de respeto a la Ley de Aguas. «En las últimas décadas se ha construido masivamente en las zonas inundables, e incluso dentro de los propios cauces, por lo que es de esperar que cada cierto número de años esas áreas sean ocupadas por el agua. La lógica apunta a la necesidad de conservar bosques de ribera», asegura Ecologistas en Acción.

El presidente de la CHE, Xavier de Pedro, aseguró ayer a este diario que se está tramitando un plan de gestión de inundaciones que contempla «un conjunto de medidas que se pueden realizar simultáneamente». «Lo principal es la seguridad de los pueblos ribereños y para mejorarla habrá que hacer limpiezas en el cauce», dijo De Pedro.

El Mundo, 04/03/2015

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