Posteado por: uranuevacultura | junio 6, 2015

OPINION / IRITZIA: Sangüesa y los 20 minutos para su evacuación

zangozaHace unas semanas se dio a conocer el Plan de Actuación Municipal ante el Riesgo de Inundaciones en Sangüesa/Zangoza (PAMRIS) en el que, entre otras cosas, se dan las pautas a la población sobre qué hacer en caso de colapso de la presa de Yesa. Es inadmisible que ante un riesgo real como éste no se hayan realizado otro tipo de estudios más completos que permitan conocer las condiciones que se darían en una posible evacuación de emergencia de Sangüesa.

Durante décadas, el campo de la ingeniería ha venido empleando herramientas de modelado y simulación computacional de evacuación con el objetivo de analizar una determinada infraestructura (oficinas, edificios residenciales, estaciones de transporte, zonas de conciertos, estadios deportivos, etcétera) y determinar si ésta cumple los requisitos de seguridad mínimos exigidos por la normativa vigente frente a una emergencia -tradicionalmente un incendio- que requiera la evacuación de dicho escenario. Esto es lo que se conoce como diseño basado en prestaciones. Asimismo, las posibilidades de este tipo de herramientas han hecho posible su aplicación a casos y escenarios más complejos, como por ejemplo la evacuación de áreas pobladas o de núcleos urbanos. A modo de ejemplo podemos ver el estudio realizado tras el huracán Katrina. El modelado del proceso de evacuación permitió a los especialistas analizar el fenómeno y poner de manifiesto las carencias y problemáticas existentes durante el proceso de evacuación. Este tipo de estudios a posteriori facilita a los gestores y responsables de la seguridad afrontar una posible deficiencia en el proceso de evacuación y transfórmala en mejoras dentro de los planes de emergencia de dicho núcleo urbano. En general, este tipo de modelos permiten conocer detalles sobre la evacuación, como por ejemplo el tiempo de evacuación necesario, la existencia de zonas sensibles a avalanchas humanas, o las rutas más óptimas para evacuar.

Podemos así concluir que el desarrollo de estos modelos se ha convertido en algo vital a la hora de diseñar y planificar infraestructuras y hoy en día es inadmisible modificar una estación de tren, un aeropuerto o diseñar un nuevo estadio de fútbol o una calle con alta afluencia peatonal sin tener en cuenta estos aspectos sobre la evacuación y los flujos de personas y sin el apoyo de este tipo de herramientas o modelos de evacuación. Por poner un ejemplo, si en una estación de metro se quieren realizar modificaciones, como estrechar la plataforma o poner barandillas en los accesos, se realizan estudios para ver cómo el nuevo diseño afecta a la seguridad en la evacuación. Nunca se acepta una modificación en el diseño si los tiempos de evacuación aumentan considerablemente. Asimismo, no hay que perder de vista las claras potencialidades de este tipo de herramientas y estudios a la hora de plantear un plan de actuación frente a una emergencia tal que requiera la evacuación de una determinada área o zona poblada.

Sin embargo, y a pesar de todo lo expresado en este artículo, Sangüesa ha vivido durante décadas bajo una gran infraestructura de riesgo como es la presa de Yesa sin conocer qué pasará con los vecinos en caso de emergencia. Y, lo que es peor, se quiere modificar la presa sin estudiar de antemano cómo afectará a los habitantes de Sangüesa una posible situación de riesgo. En el proyecto de la presa de Yesa la magnitud de daño en caso de rotura es muchísimo mayor que en otro tipo de infraestructuras convencionales, pero por desgracia parece ser que todo esto da igual. En lugar de adecuar un proyecto a los requerimientos de seguridad necesarios (en el caso de Yesa, poder evacuar Sangüesa de forma segura y eficiente en caso de rotura de la presa), se pretende que los habitantes de Sangüesa se adecuen a los riesgos inherentes a una presa. Mal. Esto no debería funcionar así.

Tener un plan de actuación municipal en caso de inundación es necesario, pero no suficiente. No basta con decir que en un escenario de evacuación total urgente se tienen 20 minutos para abandonar el lugar e ir a zonas altas. Se necesita saber qué pasará en esos 20 minutos, conocer el tiempo de reacción real al oír las sirenas, y estudiar formas de evacuar según la zona del pueblo en la que se encuentre la gente, todo ello con el fin de establecer un plan de actuación correcto y realista que nos permita afrontar el riesgo y gestionar la evacuación de Sangüesa minimizando el impacto y, por lo tanto, las consecuencias en caso de colapso en la presa de Yesa. Pero, sobre todo, se necesita saber si este valor de 20 minutos es realista y se cumple con una determinada certeza, y en el caso de que no lo sea, calcular cuánto tiempo real necesita la población para evacuar porque, si los estudios confirmasen la sospecha de que no hay tiempo para evacuar, lo correcto sería cambiar a una solución segura; bajar la cota del embalse, por ejemplo.

Hasta que no se hagan estudios completos de evacuación con modelos detallados (como los que actualmente se hacen en cualquier otro edificio o infraestructura) no se conseguirá entender la problemática de la evacuación de forma correcta y, por lo tanto, por muchos planes de evacuación que se escriban y por muchos datos que se den, se estará ejecutando un gran proyecto de obra civil sin tener en absoluto en cuenta unos riesgos reales que existen para la población. Siendo claros, no tiene ningún sentido hablar de que se tienen 20 minutos para evacuar la ciudad si no es posible evacuar Sangüesa en ese tiempo.

Si en lugar de hablar de una presa estuviésemos tratando con una estación de tren, un estadio de fútbol o un rascacielos, la obra se habría paralizado hace tiempo. Ningún buen ingeniero aceptaría modificar un proyecto ya no empeorando las condiciones de seguridad existentes para la evacuación, sino sin conocerlas en absoluto. Por desgracia, no nos encontramos ante una obra cualquiera. En este tipo de grandes obras civiles los intereses económicos y políticos se saltan tristemente cualquier posible ética y buena praxis.

Por Pablo Álvarez y Virginia Alonso (ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y licenciada en Físicas y doctora en Modelado de Evacuación, respectivamente)

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