Posteado por: uranuevacultura | noviembre 16, 2015

Opinión / Irirtzia: Queremos agua para la Ribera

canal-de-navarraFrente a debates infructuosos de “Canal sí o no”, planteamos un trabajo en lo concreto del Gobierno de Navarra, con representantes del sector agrícola, empresas agroalimentarias, colectivos ecologistas, y entes locales, para definir las necesidades y soluciones factibles para riego y uso de boca e industrial.

Quienes fueron Gobierno de Navarra largos años exigen inmediatez ahora para desarrollar una obra que no abordaron. Quizá los motivos se parezcan a los aducidos por Rosario Brinquis en el trabajo premiado por la cátedra Aquae de la Facultad de Económicas de la UNED. Apunta a “una escasa rentabilidad económica y una baja tasa de recuperación de costes de este gran proyecto financiado con fondos públicos”.

En 2011 se inauguró la finalización de la primera fase. El mismo año debía empezar la segunda para culminar en 2015. No fue así quizá por la crisis, los mayores tipos de interés, los menores ingresos de Canasa, el incremento de costes energéticos, o la necesidad de modificar el tramo que atraviesa Bardenas. El reconocido ingeniero de caminos Francisco Galán alertaba de que sin cambios “es probable que la segunda parte del Canal nunca llegue a construirse”. José Antonio Gayarre, entonces político de UPN y presidente de la Comunidad de Bardenas, dijo: “Comentamos a Riegos de Navarra que Bardenas, como parque natural, tiene que cumplir unas medidas medioambientales. No está permitido construir ningún tipo de edificio; y hay muchos agricultores de cultivo ecológico, cuando el regadío que traería el canal prescinde de las condiciones de estos cultivos. Las afecciones serían muy fuertes y lo lógico es que no se autorizase. Hoy sería prácticamente imposible”.

En la tercera actualización del Convenio Navarra-Estado para la construcción del Canal, aprobaron un calendario de ejecución de obras de la segunda fase contemplando 742.950 euros en 2015, pero UPN dejó el Gobierno sin ejecutarlo y sin que se licitase ningún tramo de esa fase ni se acometiesen estudios sobre la capacidad de Itoiz para las dotaciones de agua precisas. En el mismo convenio, Yolanda Barcina y Arias Cañete acordaron: “Antes del comienzo de la ejecución de las obras de la segunda fase se reharán los cálculos económico-financieros y se aprobará por las partes su asunción”. No lo hicieron. Sí aprobaron la tercera fase, ampliación de la primera. Hubo casos como el de Lerín, donde los propietarios de tierras optaron por seguir con el regadío tradicional y rechazaron el Canal. La fase que supuestamente traería el agua al sur de Navarra no la abordaron. Ahora claman urgencia por el maná para la Ribera. Fue el anterior Gobierno de Navarra quien priorizó la primera fase y es quien debe explicaciones.

La Ribera necesita agua, pero la Cámara de Comptos avisa: el canal se está financiando en contra de la equidad intergeneracional y es preciso reformular su financiación. Julen Mendiguren, de Ura-Nueva cultura del agua, alertaba de que “a los agricultores se les promete un futuro feliz gracias al agua de Itoitz, y se les anuncia al mismo tiempo un aumento del número de hectáreas y una subida del 5% por encima del IPC de las tasas anuales que deben pagar. Para el agricultor, esto supone una carga importante, ya que las tasas del regadío se comen al menos un 12% de su producción bruta agrícola, y un aumento del 5% en las tasas va a ser un nuevo golpe a la rentabilidad de las explotaciones”. El Gobierno navarro nunca ha hecho un análisis que aborde la situación de la agricultura.

Respecto al agua de boca, la que capta Tudela es en su origen de mala calidad. Proviene del Ebro y del canal de Lodosa. Así lo quisieron gobiernos anteriores. No aceptaron la propuesta del ingeniero Francisco Galán para que la Ribera bebiese agua del Ferial ni aprobaron en 1993 la financiación para un proyecto de abastecimiento de la Mancomunidad del Moncayo en la que hay varios pueblos riberos. Prefirieron esperar a Itoiz-Canal de Navarra dejándonos a dos velas.

La Ribera es el sur maltratado de Navarra: desempleo, polígono de tiro, centrales térmicas y un hermoso río contaminado. Precisamos alternativas reales. Eso ha prometido el actual Gobierno de Navarra. Izquierda-Ezkerra no va a dar un cheque en blanco. Queremos que en la Ribera tengamos un agua de boca de calidad y que las infraestructuras de riego sean las más adecuadas. La agricultura es un motor en La Ribera. El objetivo se logrará con proyectos fiables que puedan llegar aquí sin hipotecar nuestra riqueza natural ni los servicios públicos que necesitamos. El resto es humo. Como en el dicho de Han Shan: “nadie puede beber agua de un espejismo”. La Ribera, tampoco.

Firman este artículo: Olga Risueño (Concejala de Agricultura, Montes, Medio Ambiente y Agenda Local 21 en Tudela por Izquierda-Ezkerra) y Milagros Rubio (Exconcejala de Izquierda-Ezkerra)


 

 

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