Posteado por: uranuevacultura | agosto 2, 2019

Lecciones que dejó el río, si queremos aprender

foto inundación

Cauce Cidacos tras inundación – Belén Ausejo – 09/07/2019

El pasado 8 de julio el río Cidacos se desbordó pasando de 60 litros /sg a 220.000 l/sg y de 10cm. a más de 4m. en pocas horas. Una tormenta torrencial, más virulenta en la cabecera de la cuenca, descargó barriendo montes de suelo arcilloso impermeable, bosques, caminos, y llenando barrancos que, al encontrar taponado su cauce natural, salieron por donde pudieron y concentraron la punta del caudal en el cauce del río a la entrada de Tafalla. Para cuando entró en la ciudad, había arrasado puentes, naves, muros, vegetación, huertas,… La condición totalmente modificada y constreñida del cauce a su paso por Tafalla contribuyó a aumentar la ruina que fue dejando a su paso. El canal en el que hemos confinado el río en la ciudad no puede acoger grandes avenidas.

Cuando sucede una catástrofe como ésta, inmediatamente se buscan culpables. Ante las voces reiteradas de que ocurrió porque no se limpia el río, y ante la falta de informes oficiales  por parte del gobierno de Navarra –dicen que tardarán-, y de la Confederación  -la CHE no contesta-, desde La Merindad hemos recabado las explicaciones de varios expertos en ríos y dinámica fluvial.

Lo peor, nos comentan miembros de Urbizi -colectivo en defensa de los ecosistemas acuáticos de la red Nueva Cultura del Agua-, es que gran parte de estos daños se podrían haber evitado si desde el conocimiento de la dinámica fluvial más elemental –nuestros antepasados la tenían: construyeron en lo alto- se hubieran prohibido las construcciones que se hallan dentro del espacio del río. La llanura de inundación es el espacio que necesita el río para que en toda gran avenida, fenómeno natural e inevitable, éste se expanda, disipando su energía destructora y regalando sus sedimentos a las tierras de cultivo, sin muros, que se beneficiarán de este aporte en la siguiente cosecha. El río nos muestra en cada crecida cuál es su espacio, pero los humanos, lejos de aprender la lección, seguimos edificando en terreno inundable en operaciones a menudo especulativas.

Normalmente, cuando se habla de limpiar el río se refieren a dragarlo – apunta Camino Jaso, bióloga y experta en restauración fluvial- pero los ríos se limpian solos. Estamos de acuerdo en que hay que sacar las basuras del cauce, lo que no es del río: ruedas, plásticos, electrodomésticos,… Los dragados –sinónimo de limpieza en el imaginario colectivo- son en realidad un impacto de máxima gravedad para el ecosistema  y no tienen utilidad en la gestión de inundaciones, al contrario, contribuyen a aumentar la peligrosidad en episodios como éste.

Julia Ibarra, bióloga y profesora de la UPNA, narra cómo la autopista AP-15 ha tenido un protagonismo claro en la violencia de este caso: “ha sido la formidable presa contra la que se han estrellado unos caudales extraordinarios procedentes de los barrancos de Olleta, Maquirriain y Benegorri. El agua se ha encontrado con un valle cegado completamente; con la enorme energía que arrastraba ha ido arrancando árboles, destruyendo puentes, descalzando pilares y socavando el propio cauce. Cuando ha encontrado el ojo de salida en el paso de la carretera de Olleta, ésta ha funcionado como estrecho cauce, con el resultado de devastación que ha provocado a la altura de “El Maño”, y aumentando la velocidad y capacidad de destrucción al incorporarse al Cidacos”. “Los expertos señalan –añade- que el volumen que ocupan los sedimentos y la vegetación es insignificante respecto a los volúmenes de agua que circularon ese día, además, las plantas frenan la velocidad disipando la energía destructora”.

“Y es que en todas las inundaciones que han dejado catástrofes a su paso, siempre está la acción de los humanos ocupando el espacio del río”. “Ahora, es momento de analizar y planificar lo que se va a ejecutar sin que la urgencia permita seguir con intervenciones contrarias a su dinámica natural”.

Hemos sabido que el Colegio de geólogos apuesta por instalar un sistema de alerta temprana que avise en tiempo real de cómo se está comportando ese episodio concreto. Así mismo, señalan que los planes urbanísticos deberán incluir mapas de riesgo de inundaciones obligatorios. E invertir en medidas naturales de retención de agua.

La principal solución, nos guste o no, pasa por devolver espacio al río, insisten desde Urbizi.

En este sentido se pronuncia también la Directiva europea de Inundaciones que desaconseja la construcción de defensas salvo en casos inevitables de protección a la población.

En escenario de cambio climático –recuerdan los expertos-, este tipo de fenómenos extremos van a ser cada vez más frecuentes. Revertir algunas intervenciones urbanísticas es a menudo la mejor opción.

Por Belén Ausejo, julio de 2019.

 

 


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