Posteado por: Administrador | octubre 13, 2020

CANAL DE NAVARRA, NI VERDE NI SOSTENIBLE

Recientemente el consejero de Cohesión Territorial Bernardo Ciriza anunció que el Gobierno Foral va a presentar el proyecto de la Segunda Fase del Canal de Navarra al Fondo de Reconstrucción europeo que se ha creado a raíz de la pandemia.

Posteriormente, han llegado a afirmar que el Canal es “un ecosistema de racionalización de recursos hídricos de forma sostenible y próspera”. Va a ser muy difícil demostrar la sostenibilidad ambiental, económica y social del Canal que exige Europa, sobre todo si siguen planteando poner en regadío 21.000 nuevas hectáreas (has).
Las organizaciones ambientalistas abajo firmantes, después de hacer un ejercicio previo de simulación de sostenibilidad, nos permitimos un sincero consejo: no pierdan tiempo ni oportunidades y presenten otro proyecto con posibilidades.

¿Sostenibilidad ambiental? Consumos de agua y energía desorbitados
El consejero Ciriza afirma que la Segunda Fase del Canal servirá “para mitigar los posibles efectos del cambio climático, como el descenso de las precipitaciones”. Es todo lo contrario: poner en riego 21.000 has va a suponer un fuerte incremento del consumo en un horizonte d
cambio climático, donde los estudios oficiales aseguran una menor disponibilidad de agua. Ahora mismo el embalse de Itoiz no recibe todos los años el agua suficiente para los usos previstos que alcanzan los 460 hm3, la CHE lo sabe muy bien y denegó un aumento de la concesión de riego solicitado por la Comunidad de Regantes del Canal. Las 15.000 has de la
ampliación de la Primera Fase, que acometió el gobierno de Barcina, van a consumir buena parte del agua prevista para la Ribera en la Segunda Fase. Si se pone en marcha el macro proyecto de regadío va a ser a costa de los caudales medioambientales de los ríos Irati y Aragón y de las reservas para uso urbano. Realmente, vender más consumos de agua de riego en plena crisis climática, no tiene mucho de sostenible. Hoy toca adaptar los cultivos a la falta de recursos hídricos y promover otros con menos dependencia.
Hay otro agravante: la mayor parte de las 21.000 nuevas hectáreas requieren elevación de agua para su riego y, por tanto, un importante incremento del consumo energético. A nuestro juicio, un gobierno que se define verde y que apuesta por la transición ecológica no puede defender consumos de agua y de energía desorbitados.

¿Sostenibilidad económica? No salen las cuentas
La Directiva Marco del Agua de la UE establece la recuperación de costes como medida de sostenibilidad económica, un asunto que va a ser difícil de demostrar. Ciriza afirma que el coste de la conducción será entre 143 y 162 millones, y que la mitad será asumida por los usuarios, asunto imposible según se ha constatado en la Primera Fase. Pero lo significativo es
que el consejero se olvida de sumar los costes de la zona regable, que rondarán por los 400 millones a pagar en 30 años, si se hace mediante peaje en la sombra como en la primera fase (o cerca de 150 millones a tocateja si el gobierno foral ejecuta la obra). Faltan también de sumar los costes de la trasformación de las parcelas, que pueden suponer para las arcas
forales otros 50 millones, si se mantienen porcentajes de subvención similares a la Primera Fase. Y algunos millones más si se incluyen parques eólicos y solares para la elevación del agua. Estamos hablando de cientos de millones de euros.
Los datos de recuperación de costes de la Primera Fase del Canal por aportaciones de regantes, hidroeléctricas y abastecimientos urbanos son esclarecedores. En el embalse de Itoiz, gestionado por la CHE, la recuperación de costes en 30 años va ser del 7%. En el eje del
Canal, gestionado por CANASA (60% CHE, 40% Navarra), no se alcanza el esperado 50%, por lo que el Gobierno de Navarra se vio obligado a facilitar un préstamo a CANASA para hacer frente al déficit. Respecto a la zona regable, gestionada en la práctica por las empresas del peaje en la sombra, el porcentaje costeado por los regantes está siendo del 8%, asumiendo los
contribuyentes el 92% restante.

La obra ejecutada ya nos cuesta una fortuna a navarros y navarras: solo en peaje en la sombra, pagaremos 900 millones, 30 millones anuales durante 30 años. Después del desastre financiero de la Primera Fase del Canal ¿les parece honesto financiar el Canal con los fondos europeos para la emergencia del COVID19?

La sostenibilidad social, en entredicho
Se nos vende el proyecto como la salvación de la Ribera, cuando ya existen miles de hectáreas de regadío y un sector agroindustrial más que potente. Hay dudas más que razonables sobre el interés social del proyecto. En la Primera Fase del Canal se está produciendo una fuerte concentración de la propiedad y una creciente agrupación en empresas cooperativas agrícolas
que están convirtiendo a muchos agricultores en rentistas. Esta tendencia a la agricultura industrializada está cerrando el paso a la incorporación de jóvenes agricultores. Es de temer que ocurra lo mismo o más en esta Segunda Fase. El embalse de Itoiz y el Canal de Navarra se declararon de interés general con el objetivo de mantener los agricultores en el campo. Las grandes inversiones públicas a fondo perdido benefician principalmente a las empresas constructoras y a las que participan en el peaje en la sombra, que a menudo son las mismas.

Muchas personas están indignadas, y con razón, de que la Ribera de Tudela sea la única comarca importante de Navarra que bebe un agua de mala calidad.

Agua potable de calidad, por supuesto que sí

Hay una explicación, desde hace 30 años, la necesaria y urgente reivindicación de beber agua de calidad se ha ligado con un macro proyecto de riego que no es tan necesario, ni tan urgente y además extremadamente caro. Esperando al Canal y dejando pasar oportunidades, a principios de los 90 se construyó el embalse de El Ferial que se llena con aguas de buena
calidad de Yesa, del que ya podría estar abasteciéndose toda la Ribera, tal y como proponía en su proyecto el ingeniero Galán. Solo Arguedas y Valtierra decidieron no esperar y hoy afortunadamente beben buena agua.

Por la misma razón -que hay que esperar al Canal de Navarra- la Mancomunidad de Cintruénigo, Fitero y Cascante, que cuenta con concesiones de agua de calidad del nacedero del Queiles en el Moncayo, nunca recibió subvención para mantener las conducciones, que hoy se encuentran inutilizadas. La Mancomunidad de Aguas del Moncayo, que agrupa a Murchante, Monteagudo, Ablitas, Corella y otros pueblos, tampoco ha encontrado facilidades para mejorar las conducciones y evitar la contaminación por aguas de riego.

Otra vez se plantea el mismo dilema para la gente de la Ribera: el necesario proyecto de abastecimiento va unido a un macro proyecto de regadío insostenible. ¿Otros 30 años de espera? Aunque había mejores alternativas que se han dejado perder, hoy la menos mala podría ser, además de mantener las fuentes de calidad existentes del Queiles y del Ferial, un
proyecto de una tubería para abastecimiento urbano e industrial. Hay que dimensionar el coste y hacer un proyecto racional y factible, por favor, sin vendernos como interés general el interés de unos pocos.

Firmantes:
URBIZI. Red navarra en defensa de los ríos (SALVEMOS EL EGA/EGA BIZIRIK, ARGA VIVO/ARGA BIZIRIK, ZAIN (Zaraizu Ibaia Naturala), YESA+NO/LANAK GELDITU, UBAGUA BERPIZTU)
GREEN PEACE, ECOLOGISTAS EN ACCION, EKOLOGISTAK MARTXAN, AEMS-Ríos con Vida.


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